amor vs orgullo
Mi amor flaco y moribundo caminaba por los vagones del metro, tambaleando chocaba y caía entre los vagones, los andenes, las escaleras y las calles de la ciudad.
Tu orgullo y tu soberbia sonreían complacientes desde la fuente de los coyotes en Coyoacán, no dijeron ninguna palabra al verlo llegar con sus ropas desgastadas, siguieron abanicando sus mentiras, el día que descubrí tus mentiras, supe que era un hallazgo importante, después de un año había encontrado una razón lo suficientemente dolorosa para dejarte, pude darme mil pretextos para seguir ahí, pero por un momento sentí alivio de saber que después de todo iba a poder dejarte al fin.
Sí, porque yo te dejé al menos eso me consuela que después de un año de que ya nada funcionaba tu descaro y cinismo me hizo tener valor suficiente para decir basta.
¿ Y ese basta fue real? Ese día que te vi en la fuente cepillando tu cabello y abanicandote. De nuevo y vi reluciente sabía que con una sonrisa o una palabra podías hacerme feliz o desdichado.
Se me canso el gusto
Se me acabó el camino
En realidad no te vi, en realidad nunca te vi, me vi caer a mi mismo sobre mi costado derecho, todo se nubló, no había sentido tanto como en ese momento en qué me di cuenta que no se trataba de verte, se trataba ee aceptar que yo había perdido y que podía irme a ganar a cualquier otro lado, que seguir contigo era igual que seguir perdiendo y que si no te dejaba era atarme a mi porque tú ya te habías ido hace mucho pero mucho tiempo.
Sentí coraje y trate de pararme para hacerte saber que lo único que me dolía era tu falta de honestidad para decirme que hace meses no me querías.
Ahí tirado apreté la boca y me dije- ya no quiero quererte- ya no quiero quererte.
Sinceramente ya no me paré de ahí, con mi mejilla pegada al concreto de Coyoacán me quedé invisible mientras todos pasaban por arriba de mi, me quedé inexistente, plasmado en un piso duro, tan duro como el no aceptar la realidad en qué se vive y juzgar a los otros por caer en cosas similares.
Con humildad acepté que se había ido una parte de mi.
Los días pasaron y de pronto entre la gente vi caminar mis zapatos favoritos, mi pantalón nuevo, mi gabardina de Francia, estaba ahí yo sonriendo, saludando a todos con el sombrero, casi feliz.
Pasé encima de mi yo destrozado y nisiquiera me noté, es hora, o acepto que morir es relacer, o me sigo aferrando a esta vida.
Entonces... Me solté.

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