martes, 24 de marzo de 2020

Mentiras

Pienso en todas las veces que dijiste un te quiero sin ser cierto.
Pienso en cómo pude saberlo, tal vez debí haber puesto atención a tus manos, posiblemente tus manos no mienten. 
Tal vez debí solo de conocerte sin habla, tal vez el habla fue quien te llevo a mentir de esa forma. 

Pero el cuerpo, solo eso no miente, recuerdo que yo pensaba - no importan los problemas, con un abrazo se cura todo - pero no cualquier abrazo, un abrazo tuyo, un abrazo largo.

Recuerdo cuando comenzaste a dejar de interesarte en mis cosas y a ser un poco más cortante, te excusas te siempre detrás de una mala educación, esque yo no sé cómo... Decías 

No pensé que tú amor fuera desonesto, no quise verlo por mucho tiempo, no creí que pudieras ser así.

Estoy en la etapa en la que me gustaría hacerte saber todo lo que significabas y que ya no existirá más, pero ya lo he hecho otras veces, pienso que aunque no lo mereces, quedarme con esto no es sano, siento como si no fuera mío y fuera mi deber entregártelo, así que lo hago. 

Pero sigo en mi búsqueda de romper patrones, esta vez no lo entregaré a ti. Esta vez seré más astuta. Debo encontrar la solución para cortar tus mentiras que para mí eran verdades que implantaste en mi cabeza para no dejarme respirar. 

No te voy a volver a dejar asfixiarme.
No voy a volver a guardar silencio ante tus imprudencias.
No quiero volver a verte
No quiero quererte. 
No quiero ser parte de este juego bizarro que tú llamas amar. 

Me voy, me fuí, es mi decisión. 

No te extraño nisiquiera un poco, creo que solo me queda el rencor, qué voy a extrañar si las últimas veces fue una buena por diez trajedias. 

No te extraño pero si te odio un poco, por haberme culpado de que nuestra relación fallara, por haberme hecho sentir mal, por haberme hecho creer que fui yo quien había llevado todo a pique. 

Lloro en silencio, no te extraño, te odio un poco, por mentiroso. 

¿Cómo le digo a todos que me mentirte? ¿Esque todos ya lo sabían? Cómo me digo a mi misma que no le apueste todo a quien nisiquiera sabe quién es.

Solo quiero soltarte y soltarme 
Quiero dejarte y dejarme 
Quiero que no existas y no quiero existir

Siento un poco se vergüenza de haber estado contigo. 


lunes, 23 de marzo de 2020

amor vs orgullo

Mi amor flaco y moribundo caminaba por los vagones del metro, tambaleando chocaba y caía entre los vagones, los andenes, las escaleras y las calles de la ciudad. 
Tu orgullo y tu soberbia sonreían complacientes desde la fuente de los coyotes en Coyoacán, no dijeron ninguna palabra al verlo llegar con sus ropas desgastadas, siguieron abanicando sus mentiras, el día que descubrí tus mentiras, supe que era un hallazgo importante, después de un año había encontrado una razón lo suficientemente dolorosa para dejarte, pude darme mil pretextos para seguir ahí, pero por un momento sentí alivio de saber que después de todo iba a poder dejarte al fin. 
Sí, porque yo te dejé al menos eso me consuela que después de un año de que ya nada funcionaba tu descaro y cinismo me hizo tener valor suficiente para decir basta. 
¿ Y ese basta fue real? Ese día que te vi en la fuente cepillando tu cabello y abanicandote. De nuevo y vi reluciente sabía que con una sonrisa o una palabra podías hacerme feliz o desdichado. 
Se me canso el gusto
Se me acabó el camino 

En realidad no te vi, en realidad nunca te vi, me vi caer a mi mismo sobre mi costado derecho, todo se nubló, no había sentido tanto como en ese momento en qué me di cuenta que no se trataba de verte, se trataba ee aceptar que yo había perdido y que podía irme a ganar a cualquier otro lado, que seguir contigo era igual que seguir perdiendo y que si no te dejaba era atarme a mi porque tú ya te habías ido hace mucho pero mucho tiempo.

Sentí coraje y trate de pararme para hacerte saber que lo único que me dolía era tu falta de honestidad para decirme que hace meses no me querías. 

Ahí tirado apreté la boca y me dije- ya no quiero quererte- ya no quiero quererte.

Sinceramente ya no me paré de ahí, con mi mejilla pegada al concreto de Coyoacán me quedé invisible mientras todos pasaban por arriba de mi, me quedé inexistente, plasmado en un piso duro, tan duro como el no aceptar la realidad en qué se vive y juzgar a los otros por caer en cosas similares.

Con humildad acepté que se había ido una parte de mi. 

Los días pasaron y de pronto entre la gente vi caminar mis zapatos favoritos, mi pantalón nuevo, mi gabardina de Francia, estaba ahí yo sonriendo, saludando a todos con el sombrero, casi feliz. 

Pasé encima de mi yo destrozado y nisiquiera me noté, es hora, o acepto que morir es relacer, o me sigo aferrando a esta vida.

Entonces... Me solté.